jueves 22 de abril de 2010

AVATAR EN LA AMAZONÍA




La apasionante historial “real” de James Cameron, el director del filme “Avatar”, que ha decidido combatir en Brasil la construcción de una presa que altera el medio ambiente.

Vinieron de los lejanos extremos del Amazonas, viajando en pequeñas embarcaciones y canoas por hasta tres días para hablar sobre su destino. James Cameron, el titán de Hollywood, estaba parado frente a ellos con rayas naranja de guerrero pintadas sobre su rostro, comparando las amenazas en sus tierras con una víbora que devora a su presa.

“La serpiente mata sofocando muy lentamente”, sostuvo Cameron ante más de 70 indígenas, algunos de los cuales sostenían lanzas, flechas y arcos, debajo de un árbol a lo largo del río Xingú. “De esta forma, el mundo civilizado se come lentamente al bosque y se lleva consigo el mundo que ahí solía estar”, agregó.

Como para poner de relieve ese punto, a los pocos segundos cayó una venenosa serpiente verde de un árbol, apenas a unos cuantos pasos de donde estaba sentada la esposa de Cameron sobre un tronco. Retumbaron los gritos. Los pobladores se diseminaron. Mataron a la serpiente.

Después, líderes indígenas empezaron una danza de apreciación, la cual terminó en la embarcación que se llevó a Cameron lejos de ahí. Durante todo ese tiempo, Cameron bailó cojeando, sacudiendo una lanza, usando un penacho de jefe de plumas amarillas y blanco sobre la cabeza.

En los 15 años transcurridos desde que escribió el guión de “Avatar”, su relato épico de codicia versus naturaleza, dijo Cameron, se había vuelto un ávido ambientalista. Con todo, destacó que hasta su viaje al Amazonas brasileño el mes pasado, su defensa se limitaba mayormente a la manera ambientalmente responsable con que intentaba llevar su vida: energía solar y eólica alimentan su hogar en Santa Bárbara, afirmó, y tanto él como su esposa conducen vehículos híbridos y hacen su propia jardinería orgánica.

“Avatar” -y sus casi 2.700 millones de dólares en ventas de boletos por todo el mundo - ha cambiado todo eso, inundando a Cameron con felicitaciones por ayudar a “integrar emocionalmente” temas ambientales y exhortos para que la gente se involucre más.

Ahora, asegura Cameron, ya se sintió motivado a entrar en acción, a expresarse en contra de la destrucción ambiental en el horizonte que pone en peligro a grupos indígenas por todo el mundo; una causa que está alimentando su ira interna e inspirando su trabajo en una secuela de “Avatar”.

“Cualquier experiencia directa que tengo con pueblos indígenas y la dificilísima situación que viven pudiera alimentar la naturaleza de la historia que elijo contar", expresó. “De hecho, casi seguramente lo hará”. Al referirse a su viaje al Amazonas, agregó: “Eso sencillamente me enfurece más”.

Cameron está tan molesto, de hecho, que dijo que planeaba regresar al Amazonas esta semana, esta vez con Sigourney Weaver y cuando menos otro integrante del elenco de “Avatar” siguiéndolos.

El enfoque gira en torno a la enorme presa Belo Monte planeada por el gobierno brasileño.

Sería la tercera mayor del mundo, y grupos ambientalistas dicen que inundaría cientos de kilómetros cuadrados del Amazonas y secaría un tramo de 100 kilómetros del río Xingú, devastando a las comunidades indígenas que viven a lo largo de su orilla. Durante varios años, el proyecto estuvo archivado, pero el gobierno ahora planea llevar a cabo una subasta el 20 de abril, a fin de otorgar contratos para su construcción.

Para el director, detener la presa se ha convertido en una nueva cruzada personal*, la cual lo hizo llegar a este lugar mientras dirigentes indígenas de 13 tribus sostienen un consejo especial para discutir sus opciones de último recurso.

Fue la primera visita de Cameron al Amazonas, notó, aun cuando fundamentó el planeta ficcional de “Avatar” en bosques tropicales del Amazonas. De cualquier forma, descubrió que las similitudes de la vida real con los temas de su película eran innegables.

La presa es un “clásico ejemplo del tipo de cosa que nosotros mostramos en Avatar: la colisión de la visión tecnológica de una civilización para el progreso a expensas del mundo natural y las culturas de los pueblos indígenas que ahí viven”, comentó.

Cameron dijo que le escribiría una carta al presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, exhortándolo a que reconsidere la presa, amén que presionaría para reunirse con el presidente. “Ellos tienen que escuchar a estas personas”, afirmó.

Cameron, de 55 años de edad, conoció por primera vez esta causa en febrero, después que le hubieran mostrado una misiva de organizaciones de activismo y grupos de nativos americanos diciendo que deseaban que Cameron destacara “las verdaderas Pandoras del mundo”, en referencia al exuberante mundo bajo ataque en su filme.

Atossa Soltani, el director ejecutivo de Amazon Watch, quien lo acompañó en su viaje el mes pasado, dijo que Cameron se había motivado ante la idea de aprender más, diciendo que había crecido en los bosques canadienses e incluso había acumulado miles de horas debajo del agua, explorando los océanos del mundo. En cuanto a la aventura de Cameron en el Amazonas, empezó con ciertas dificultades.

La embarcación en que viajaba a la aldea se inundó cuando una manguera se desconectó. Cameron contribuyó, tomando un cubo de plástico para ayudar a sacar el agua durante unas cuantas horas y bajo el candente sol de mediodía, comentaron tanto él como otras personas que estuvieron en el bote.

Muchos de los dirigentes indígenas con los que planeaba reunirse nunca habían oído de él, ya no digamos visto su película. Todo lo que sabían era que “un poderoso aliado” estaría presente en su reunión, dijo Soltani.

Así que, la noche previa a la llegada de Cameron y su esposa, Suzy Amis, acompañados por tres guardaespaldas, aproximadamente una docena de pobladores locales se reunió en la casa de José Carlos Arara, el jefe de la tribu arara en esta localidad, para ver un DVD de “Avatar”.

“Lo que ocurre en la película es lo que está ocurriendo aquí”, opinó Arara, de 30 años.

La mañana después a la llegada del grupo de Cameron en la aldea, Arara los guió en una caminata a través del bosque tropical. Cameron, casi reflejando a los cautivados científicos de su filme, estaba tranquilo pero con los ojos bien abiertos, formulándole preguntas al jefe acerca de la fauna y flora local y las costumbres tradicionales de los indígenas. En pocos segundos, el jefe le enseñó cómo podía fabricar abrazaderas para los tobillos con hojas, las cuales le podían servir para escalar un árbol de azaí.

Más tarde, los líderes invitaron a Cameron a que participara en su reunión. Se sentó en un pequeño pupitre de madera mientras ellos formulaban discursos condenando la inminente presa y al gobierno brasileño. Al parecer, a Cameron se le salieron las lágrimas cuando algunos dirigentes dijeron que estarían dispuestos a morir para detener la presa.

Finalmente, le pidieron a Cameron que hablara. Se paró y elogió a los líderes en torno a su unidad, diciendo que necesitaban combatir esfuerzos gubernamentales con miras a dividirlos y debilitar su resistencia: “Eso es lo que puede detener a la serpiente; eso es lo que puede detener a la presa”, enfatizó.

Una ola de aplausos estalló entre los concurrentes. Cuando la verdadera serpiente cayó del árbol, el director parecía impertérrito. Después de acallarlos con un movimiento de manos, los dirigentes indígenas le agradecieron con presentes. Uno le dio una lanza, otro un collar de semillas negras y rojas. Otro más, el Jefe Jaguar de la nación de los cayapo, una de las más respetadas de Brasil, le dio su tocado antes que empezaran las danzas en honor de Cameron.

“No es como si existiera presión sobre mí de cualquier tipo”, dijo, medio en broma, momentos antes de abordar la embarcación. “Estas personas realmente esperan que yo haga algo con respecto a su situación. Tenemos que intentar parar esta presa. Todo su estilo de vida, su sociedad como la conocen, depende de ello”. Por Alexei Barrionuevo - The New York Times News Service. 2010

martes 20 de abril de 2010

Siguiendo su línea de crítica social acaba de presentar un extraño proyecto llamado 'This is not a movie', una película que cuenta con Edward Furlon (el niño de Terminator 2), Peter Coyote y Slash a cargo de la banda sonora. · Trailer: Movie
Sinopsis: 'Ante la inminente llegada del fin del mundo, Pete Nelson (Edward Furlon) se encierra en un hotel de Las Vegas. Alli tratará de comprender su verdadero ser, distorsionado por la influencia de la television, la desinformación y la saturación mediática. Un viaje irreal, psicodéllico y apocaliptico, donde nada es lo que parece.'



http://www.radiomundial.com.ve/yvke/n... (AQUI ESTA EL DOCUMENTAL COMPLETO 97 MIN) El documentalista mexicano Olallo Rubio dirigió en 2007 un interesantísimo documental, llamado "Y tú, ¿cuánto cuestas?"

Y el título es más que apropiado, porque el documental se pregunta si nos estamos volviendo mercancías y si la influencia del modelo económico de Estados Unidos nos está perjudicando. "La ídea de la película surgió de la lectura de las obras de Noam Chomsky. Busco cuestionar si realmente somos mercancía".

Dice Rubio en una entrevista a La Jornada: "Surgió después de leer mucho a Noam Chomsky y de experiencias personales; me di cuenta de que Estados Unidos es el imperio más siniestro en la historia de la humanidad, pero al mismo tiempo le tengo cariño".

En estricto sentido ¿Y tú cuánto cuestas? no es un documental convencional, más bien corresponde a un subgénero inclasificable, ya que combina tonos y vertientes discursivas, entrevistas con gente común elegida al azar, parodias televisivas y segmentos animados con distintas técnicas. Refiriéndose a las críticas que ha recibido su trabajo Olallo refiere: "La gente es muy prejuiciosa: antes, cuando me dedicaba a la locución decían que era el Howard Stern mexicano, porque echaba desmadre; ahora que hago un documental que toca ciertos temas políticos me comparan con Michael Moore, pero son opiniones que se basan en las referencias cinematográficas muy limitadas. Mi trabajo se parece más a Monty Python, al trabajo que hice en Radioactivo y a los documentales de Oliver Stone. Además hice el documental porque me di cuenta de que todo el tiempo estamos viendo hacia Estados Unidos. Yo, después de vivir y abrazar la cultura gringa, festejarla como lo máximo, darme cuenta de lo que ha hecho su gobierno me choqueó y entré en una crisis de identidad y este es el resultado".

Dando una vuelta de tuerca a este mismo asunto agrega: "Los gringos que la han visto, agentes de ventas y posibles distribuidores, la consideran antiestadunidense, pero los mexicanos no la consideran así; creo que es una cosa de percepciones que quien la ve la complementa con su propia información".